18 de octubre de 2011

Primer Aniversario.





Estimados lectores,


Me alegro en anunciarles que el día de hoy se cumple el primer aniversario del blog de Genealogía Novohispana. El 18 de octubre del 2010 publiqué el primer artículo, referido a los condes de Santiago de Calimaya, y desde entonces el blog no ha dejado de funcionar para difundir la historia de los principales linajes del virreinato novohispano. El blog no solamente ha sido un espacio de difusión, sino que también ha servido para ir creando una red de aficionados y profesionales de la historia familiar novohispana, quienes constantemente participan y complementan los artículos publicados. Espero que esta comunidad siga creciendo, para así poder sacar a la luz y desempolvar esta parte tan importante de la historia de nuestro territorio, y que tan rezagada ha quedado a través de los años.

Es verdad que este blog no se dedica, ni pretende dedicarse, a tratar la genealogía de todos los estratos sociales de la Nueva España, tampoco pretende desentrañar el origen de familias que actualmente habitan el México independiente. El blog de Genealogía Novohispana, lejos representar un estudio superfluo, trata la historia de aquellas familias, que por sus hazañas o por su linaje, fueron consideradas principales en este territorio, aquellos que ocuparon altos cargos de gobierno y fueron los dueños de las tierras, y cuyas formas de vida estaban expuestas a los ojos de todos, sirviendo como modelo social y cultural para el resto la población.

Las familias de las que tratamos en este blog son aquellas que, como ya he dicho muchas veces, formaron verdaderas redes de poder a través del parentesco, fueron, en definitiva, aquellos que gobernaron, hicieron justicia, y constituyeron el motor y dinamismo de la economía virreinal. No se trata pues, de un estudio de vanidades ni de un anecdotario presuntuoso para poder exponer la alta civilidad de nuestra sociedad, sino un estudio de fuerte interés sociológico, político y cultural, que pretende ofrecer esa visión, para muchos oculta, de que antiguamente, desde la época precolombina hasta la Reforma Agraria, la familia y el parentesco ocuparon un lugar primordial en la conformación, no solo social, sino económica, política, cultural, religiosa, arquitectónica, urbanística, rural, etcétera, de nuestro país.

Códice Selden, ascedencia divina de la Princesa 6 Mono.
La genealogía no fue importada ni aumentó su valor en el territorio mexicano con la conquista, ya las culturas prehispánicas le daban un lugar fundamental, prueba de ello son los primeros códices mixtecas, llamados naandeye o tonindeye, que significa la historia de los linajes. En el Códice Vindobonensis, impacta la centralidad de la escena acerca del nacimiento de los 51 hombres del árbol de Apoala, considerados dioses, y de donde descendían las dinastías nobles de La Mixteca, cuyos linajes se documentan en el mismo códice por más de setescientos años, desde el siglo VII hasta el XIV. En el caso de los mayas, por ejemplo, es muy conocida la historia genealógica de los ahauajaw, gobernantes de Palenque y supuestos descendientes de la "Primera Diosa", comenzando por K'uk' Balam I, en el año 397 d.C., pasando por el gran ajaw Pakal "el Grande", y terminando en el último ajaw, Sak Balam, en el año 800 d.C.

Para las culturas prehispánicas mesoamericanas, la importancia de la genealogía y ascendencia fue mucho mayor que para las occidentales, el dinamismo social era prácticamente inexistente, más parecido al sistema de castas del hinduismo, pudiendo acceder a cargos solamente aquellos que probaran la nobleza de su sangre, siempre partiendo de un origen divino. La conquista española de América trajo consigo la secularización de los linajes, pues en la cultura occidental nadie osaría pretender descender de una divinidad. Al igual que en Mesoamérica, en la España medieval, el gobierno, el poder y la propiedad estaban fuertemente vinculados a la ascendencia. El mestizaje cultural evidentemente acarrea un mestizaje de la visión acerca de la importancia de los linajes y la jerarquía. No podemos pues, ignorar que la Nueva España se conformó por el mestizaje entre dos mundos altamente jerárquicos, y su resultado no pudo ser de otra manera. La documentación genealógica es entonces fundamental para la legitimidad de poder en la nueva sociedad virreinal. Si bien tuvo una importancia muy destacada, actualmente está muy poco difundida la documentación genealógica de los nobles y caciques indígenas durante el virreinato. Los nobles españoles reconocían a sus pares en la nobleza indígena, prueba de ello es la concesión de títulos de Castilla, señoríos, altos cargos y escudos de armas a los descendientes de Moctezuma, de los Alva Itxtilxóchitl, los Villagómez, y muchas otras familias que se introdujeron a la aristocracia virreinal y peninsular debido al reconocimiento absoluto de su nobleza como notoria por parte de la sociedad occidental, realizando numerosos matrimonios conjuntos, los cuales ya se han evidenciado en algunos de los artículos aquí publicados. También la Corona de los Habsburgo ennobleció a varias familias indígenas por sus servicios en la conquista, como el caso de la familia Motelchiuhtzin, originalmente macehuales, y ennoblecidos por los actos del capitán Andrés Motelchiuhtzin, cuyo nombre modificó a Andrés de Tapia (homónimo del conquistador).
Armas concedidas por S.M. el Rey Don Carlos I
 a Don Juan Istolinque, cacique de Coayacán.

Ya a principios del virreinato, la movilidad social comenzó a ser mayor, ennobleciéndose, por ejemplo, a los conquistadores, fundadores y primeros pobladores de las Indias, así como a pueblos enteros, como el caso de los tlaxcaltecas, reconocidos por prestar sus armas en servicio a la Corona. De igual forma, muchos no ennoblecidos accedían a altos cargos a través de sus esfuerzos y por mérito propio, aunque en un principio fuese ésto más difícil de conseguir. Ahora bien, muchos nobles no necesariamente vieron el éxito ni la riqueza, y familias de gran tradición peninsular también conocieron la desgracia y la miseria. Con la proclamación de la Primera República y la disolución de los mayorazgos, quedaron suprimidos los derechos de sangre, por lo menos jurídicamente, y con ello muchas familias perdieron el interés por la documentación genealógica, así como por preservar la tradición de sus apellidos, siendo ya algo irrelevante para el acceso al poder. Sin embargo, más de 1700 años de tradición estaban detrás de ese nuevo modelo social y político, y claramente la cultura de ese antiguo territorio era más fuerte que las políticas de cualquier talante ideológico que pudieran existir.

A través de los años, hubieron fuertes cambios sociales, aún así, el prestigio que da el tiempo y la historia tardarían muchos esfuerzos más para lograr la disolución de la importancia real de la tradición familiar, para desgracia del ideario republicano. El golpe más fuerte, y quizás más decisivo, que recibió la importancia genealógica en México, fue la Reforma Agraria de comienzos del siglo XX, despojando de sus propiedades a los grandes y medianos terratenientes, y con ello disolviendo la última fuente de poder real que quedaba en las antiguas redes de parentesco, cuyos orígenes se remontaban al siglo XVI, y en algunos casos, mucho antes. Con ese golpe final, la ascendencia perdió toda conexión con el poder y la riqueza, terminaron por completar las filas de poder los militares revolucionarios, los líderes sindicales, los fieles republicanos, y los nuevos empresarios cuya amistad con los dirigentes revolucionarios y agraristas comenzaban a dar frutos.

Don Sebastián Lerdo de Tejada y Bustillos,
presidente de México, descendiente del
Antiguo e Ilustre Solar de Tejada.
Actualmente, sobreviven ciertas pistas de tradición en algunas familias mexicanas y centroamericanas, en cuanto a la sociedad novohispana se refiere, algunas familias han logrado realizar aquella estrategia de Tomasi di Lampedusa en Il Gattopardo ("si queremos que todo siga igual, es necesario que todo cambie"), y sobreviven casos admirables, como el de la familia Villagómez, antiguos caciques de La Mixteca precolombina que ocuparon altos cargos hereditarios durante el virreinato, llegando a ser de los mayores terratenientes desde la segunda mitad del siglo XVII hasta la independencia, dirigentes políticos durante el porfiriato, líderes revolucionarios, financieros, pasando muchos de ellos ahora a ser destacados empresarios, cuya tradición se ha mantenido por más que quizás ninguna otra familia del México actual. Como éste, existen otros casos, de notables familias peninsulares que en la Nueva España mantuvieron su tradición y que actualmente siguen protagonizando la vida política, económica y cultural en México. Sin embargo, los valores del ideario republicano han triunfado en las sociedades americanas, y los siglos de tradición familiar generalmente son ignorados por sus propios miembros, y en caso contrario, se les acusa de esnobismo.

Espero pues, a través de este espacio, desenterrar aquellas tradiciones que han quedado escondidas pero que indudablemente forman parte de nuestra historia y también de nuestra cultura actual, que si bien no siempre encuentran el aprecio que deberían, tienen un valor fundamental en la conformación de nuestra identidad, sin importar lo que digan los idearios nacionalistas. La justicia demanda el reconocimiento de nuestra historia, de aquellos que la forjaron, sin distinción de su cercanía o distancia con la forma de gobierno presente. Ojalá todas estas familias, cuyos esfuerzos construyeron nuestra cultura y nuestra nación, sean reconocidas como parte de nuestra historia, y no negadas, ridiculizadas, y desestimadas por una idea errónea y generalizada porque así convino a una forma de gobierno.

Invito a todos los lectores del blog a continuar difundiendo nuestras tradiciones, de la manera que cada quien deseé, y a seguir invitando a otros a participar de este proyecto, que como ya he explicado, trasciende la simple curiosidad, y se convierte en un despertar al pasado, a la historia, a la verdad y en definitiva a nuestra verdadera identidad.

Como ya es tradición, he modificado el diseño del blog para darle un aire nuevo ahora que celebramos su primer aniversario. En esta ocasión adorna la portada una fotografía de un detalle de la fachada del Templo del Carmen en San Luis Potosí, una de las mejores representaciones del barroco churrigueresco novohispano, en donde la mano de artesanos indígenas deja su huella en los diseños de la arquitectura española del siglo XVIII.   La construcción del Templo del Carmen se inició en 1749, y fue finalizada en 1764, junto a su convento (destruido por las fuerzas del presidente Benito Juárez durante las Guerras de Reforma). Entre aquellos que financiaron la construcción se encontraron don Bartolomé López de Meza, don Manuel Fernández de Quirós, don Francisco de Villanueva y Velasco, el bachiller don Santiago Sánchez de Alvear, don Nicolás Fernando de Torres, y la esposa de éste, doña Gertrudis de Maldonado y Zapata. Agradezco a todos ellos el habernos regalado un edificio tan magnífico.

Detalle de la puerta mayor del Templo de Nuestra Señora del Carmen, San Luis Potosí.


Me despido pues, por ahora, y agradezco a todos su interés, colaboración y entusiasmo por los contenidos de este espacio.




12 de septiembre de 2011

Del siglo VIII al XXI: apuntes genealógicos del marquesado de Villamayor de las Ibernias


Imagen propiedad de la Fundación Casa Ducal de Medinaceli
Escudo original de los Fernández de Témez,
transmitido a  sus descendientes, los Fernández de Córdoba.



Estimados lectores,


Quiero compartir con ustedes una antigua frase, desprovista de la mínima prudencia, pero que ilumina el tema que hoy nos concierne:


"ANTES QUE DIOS FUERA DIOS Y LOS PEÑASCOS PEÑASCOS, LOS QUIRÓS YA ERAN QUIRÓS Y LOS VELASCOS, VELASCOS."


Es difícil leer esta frase sin sentir cierto tipo sorpresa e inclusive repulsión por su carácter sacrílego, anteponiendo un linaje a la existencia del mismo Dios. Lo cierto es que su formulación probablemente tuvo un carácter cínico que es difícil comprender si se le saca de contexto. La tradición cuenta que en Asturias, por allá del siglo X, existió una riña entre miembros de las familias Quirós y Velasco, discutiendo pavorosamente durante un banquete sobre cuál de los dos linajes era el más antiguo. Los invitados a la cena estaban probablemente hastiados por la discusión, así que con objeto de finalizarla sin ofender a ninguna de las dos familias, el obispo de Salamanca, quien se encontraba entre los invitados, se puso de pie, y con ánimos reconciliadores dijo -sí sí, "antes que Dios fuera Dios y los peñascos peñascos, los Quirós ya eran Quirós y los Velascos, Velascos"-, poniendo fin la extenuada discusión. Puedo imaginar, con cierta facilidad, la risa de los invitados al escuchar al obispo charro en tan extremo dictamen, pero también espero que los protagonistas de la discusión hayan tenido esa actitud propia de los hombres inteligentes, la de saber reírse de uno mismo, y que con la risa, agua para las más encendidas llamas, hayan dejado de lado su disputa. La frase del obispo salamantino se propagó rápidamente por las voces de la antigua Asturias, y su popularidad siguió en pie tras muchos años. Alrededor del año 1006 la frase fue inscrita sobre piedra en la Iglesia de San Salvador de Deva, en Gijón, construida por el rey don Bermudo II de León, lugar de sepultura de su esposa, la reina doña Velasquita.

Fuera de la historia de la frase en sí, lo que importa para el tema que hoy vamos a tratar es el mensaje que está detrás, tanto de la disputa entre ambas familias, como lo que refleja la misma frase, un elemento de suma ponderancia cuando se trata de linajes nobles: el valor de la antigüedad. Es cierto que todo ennoblecimiento tiene la misma estimación, pero socialmente existe una dinámica interna en la cual la antigüedad de la elevación de un linaje la ubica sobre o debajo de los demás. Lo mismo que decimos del origen de la nobleza de una familia, se entiende cuando hablamos del origen de la fortuna de una u otra, donde aquella familia cuya fortuna es más antigua, goza ciertamente de mayor aceptación y respeto que aquella de más reciente ascenso. Lo que digo no es nada nuevo, todos aquellos con un pascaliano "espirit de finesse" saben bien lo que quiero decir, por lo que no es necesario extenderme más.

Don Enrique de Borgoña, 
siglo XIII
Lo cierto es que de entre todos los novohispanos a quienes les fue otorgado un título de Castilla, existieron unos cuyos linajes tenían mayor antigüedad que el de sus pares. Si bien todos aquellos que accedieron a una dignidad nobiliaria gozaban ya de la condición de hidalgos, algunos pertenecían originalmente a la llamada pequeña nobleza, propia de los hidalgos de provincia. Sin desmerecer el honor que esta condición merece, es justo decir que no fue el caso de todos, sino que algunos, como los protagonistas de este estudio, descienden de la más antigua nobleza que se conoce en toda la península ibérica. Si bien el marquesado de Villamayor de las Ibernias no estuvo para nada dentro de los títulos de mayor rango que se otorgaron en la Nueva España, la familia de don Francisco Pacheco de Córdoba Bocanegra y Vásquez de Coronado gozó de un prestigio y respeto tal que no había oro ni títulos que lo compraran, hasta los duques hablaban con modestia delante de estos descendientes de Carlomagno y de la Casa de Borgoña, sabiendo bien que cuando de linajes se trata, como en el vino, el tiempo, y no la etiqueta, es lo que los hace mejores.


Por vía materna, el primer marqués de Villamayor de las Ibernias, descendía de dos importantes gobernadores novohispanos. Su abuelo materno, don Francisco Vásquez de Coronado y Luján, de importante familia salamantina, aunque de origen burgalés, fue el conquistador de una parte importante del norte de la Nueva España, en el actual territorio de Estados Unidos, haciéndose acreedor del destacado cargo de Gobernador y Capitán General del Nuevo Reino de Galicia. Un sobrino de don Francisco fue el famoso don Juan Vásquez de Coronado, quien mereció para sus descendientes el título hereditario de Adelantados Mayores de Costa Rica. El otro famoso ancestro materno del primer marqués fue su bisabuelo don Alonso de Estrada, curioso personaje cuya vida ha dado lugar a todo tipo de interpretaciones y desaciertos. Lo que cautelosamente me atrevo a decir es que, en su tiempo, don Alonso de Estrada fue probablemente el hombre más rico de la Nueva España, con una asignación de quinientos diez mil maravedís por año, doscientos mil más que al mismo don Hernán Cortés, sumando a ello la fortuna de su poderosa esposa proveniente de una familia de contadores reales aragoneses. Don Alonso de Estrada, quien llegó a América ocupando el cargo de Tesorero Real de estos reinos, llegó a sustutuir al mismo marqués del Valle en el cargo de Gobernador y Capitán General de la Nueva España.


Expedición de don Francisco Vásquez de Coronado, 
por Frederic Remington

Muchos han especulado acerca de la ascendencia de don Alonso de Estrada, existen teorías tan dispares como aquella que dice que fue un hijo ilegítimo de S.M.C. el rey don Fernando de Aragón (teoría que al parecer él mismo se encargó de difundir), mientras que otras hablan de una familia de judíos conversos vasallos de la Orden de San Juan de Jerusalén. Difícilmente podría yo apoyar ahora cualquiera de las dos hipótesis, lo cierto es que desde sus inicios en Flandes, Sicilia y la península, su cercanía a S.M. el rey don Carlos I se hizo evidente, no sólo por el interés personal del emperador para que éste fuera a poner orden a la Nueva España, sino en su claro trato preferencial mostrado constantemente hacia este misterioso hombre. De entre los numerosos descendientes de don Alonso de Estrada, se encontraron los señores de Picón, de Filantongo, de la Provincia de Ávalos, entre otros. Destacó entre sus hijos don Luis Alfonso de Estrada, quien fue señor de Picón, Regidor Perpetuo y Fiel Ejecutor de Ciudad Real, Contino de la Casa de S.M. el rey don Felipe II y tres veces Alcalde de la Santa Hermandad por el estado noble. Su hija, doña Beatriz de Estrada, fue la esposa del conquistador don Francisco Vásquez de Coronado y Luján, a su vez padres de doña Marina Vásquez de Coronado y Estrada, quien informalmente fue llamada la primera marquesa de Villamayor de las Ibernias, pues por lo visto fueron los méritos de su padre y su abuelo los que consiguieron el título para su hijo don Francisco Pacheco de Córdoba.



Considero necesario darle su importancia a los anteriores ancestros novohispanos de esta familia, sin embargo, el presente estudio se centrara indudablemente en la ascendencia paterna del primer marqués de Villamayor de la Ibernias, la familia Pacheco de Córdoba, rama de la antiquísima familia de los Fernández de Córdoba, descendientes a su vez de los antiguos condes de Trastámara y de Trava, de los condes soberanos de Asturias, así como de la regia dinastía de los Capetos, semilla de todas las monarquías de Europa. Desconozco que tan probada está la antigüedad de los linajes de Quirós y Velasco, dudo que sean anteriores a Dios o a los peñascos, lo que sí puedo decir con seguridad es que el linaje que hoy voy a presentar es por lo menos más antiguo que la misma España.

Para introducir este esquema genealógico compuesto por cuarenta y dos generaciones (desde el siglo VIII hasta la actual marquesa de Villamayor de las Ibernias) quisiera compartir el epitafio de uno de sus representantes más antiguos, don Vasco Fernández de Témez, señor de Témez y de Chantada, encontrado en el monasterio de Celanova, en Lemos, y que expresa de manera simple la nobleza de un gran hombre de su tiempo:


“AQUI YAZ VASCO FERNANDEZ DE TEMEZ,
PEQUENODO CORPO, E GRANDE DE ESFORZO,
BOO DE ROGAR, E MAO DE FORZAR.”




El título de marqués de Villamayor de las Ibernias fue otorgado por S.M. el rey don Felipe III el 7 de abril de 1617 a don Francisco Pacheco de Córdoba Bocanegra y Vásquez de Coronado.



I.- Don Faralando (finales del siglo VIII-mediados del siglo IX). Casó con doña Froila Valtez o Balthes, hija de don Valto o Balto Díaz, de sangre real de los visigodos.
Fueron padres de:

II.- Don Diego Valtez o Balthes (mediados del siglo IX-inicios del siglo X). Casó con N.N.
Fueron padres de:

III.- Don García Díaz de Valtez (mediados del siglo X, durante el reinado de S.M. el rey don Sancho I de León). Casó con N.N.
Fueron padres de:

IV.- Don Gonzalo García o Muñiz (vivió durante el reinado de S.M. el rey don Bermudo II de León, finales del siglo X). Casó con N.N.
Fueron padres de:

V.- Don Men o Menendo González (??-1007), conde del Bierzo, señor de Trastámara. Vivió durante los tiempos de S.M. el rey don Alfonso V de León, al que crió en su casa. Casó con doña Teresa.
Fueron padres de:

VI.- Don Fruela o Froilaz Méndez, señor de Trastámara, hermano de S.M. la reina doña Elvira de Asturias. Casó con doña Griginevera o Frigenara Ordóñez, hija del conde don Alvaro de las Asturias, Ayo y Mayordomo Mayor de S.M. el rey don Alonso, fue nieta del Conde don Ordoño Ordóñez, señor de Lemos, y de doña Urraca García de Aza.
Fueron padres de:

VII.- Don Bermudo o Veremundo Froilaz, señor de Trastámara y de Trava. Casó con doña Aldonza Ruiz de Monterroso, hija del Conde don Rodrigo Ramírez de Monterroso y de la condesa doña Emilia.
Fueron padres de:

VIII.- Don Fruela Bermúdez o Veremúndez (vivió en el siglo X, durante el reinado de S.M. el rey don Alfonso V de León), señor de Trastámara y de Trava. Casó con doña Sancha Rodríguez, hija del conde don Rodrigo de Monterroso, y según algunos tratadistas de la princesa doña Milia de Inglaterra (no confirmado).
Fueron padres de:

IX.- Don Pedro Fruela o Pérez de Trava, señor de Trava (??-1071), Ayo del rey don García Fernández de Galicia, murió en la Batalla de Santarén. Casó con doña Aurembaix o Ausembia Fernández de Aza, hija del conde don Fernando González, II señor de Aza.
Fueron padres de:

X.- Don Fruela Pérez (??-107?). Casó con doña Briolanja.
Fueron padres de:

XI.- Don Pedro Froilaz de Trava (1075-1128), conde de Trava, señor de Trastámara y Monterroso, Ayo de S.M. el rey don Alfonso VII “el Emperador”, Gobernador del Reino de Galicia. Casó con su prima doña Urraca Fruelaz, condesa de Arlanza.
Fueron padres de:

Hugo Capeto,
 rey de los Francos
XII.- Don Bermudo o Veremundo Pérez de Trava (siglo XII), conde de Trastámara. Casó con la infanta portuguesa doña Urraca Enríquez, hermana de don Alfonso Enríquez, primer rey de Portugal, hija del conde don Enrique de Borgoña (descendiente de Hugo Capeto) y de la infanta doña Teresa Alfonso de León, condesa de Portugal, hija a su vez de S.M. el rey don Alfonso VI, conquistador de Toledo.
Fueron padres de:

XIII.- Don Fernán Vermúdez o Pérez de Trava, Ayo y valido de S.M. el rey don Fernando II de León, cuyo hijo, el futuro rey don Alfonso IX, se crió en casa de su hija doña Urraca. Casó con doña Urraca Fernández de Témez, señora de la Casa de Témez y de Chantada, en Galicia, hija de don Vasco Núñez de Témez, señor de la Casa de Témez, y de doña Sancha de Castro.
Fueron padres de:

XIV.- Don Vasco Fernández de Témez (finales del siglo XII-mediados del siglo XIII), señor de Témez y Chantada. Casó con doña Mayor Núñez, hija de don Nuño Pérez, señor de Monterroso.
Fueron padres de:

XV.- Nuño o Muño Fernández de Témez (siglo XIII), señor de Témez y de Chantada, Merino Mayor de Galicia, Gran Maestre de la Orden de Alcántara, conquistador de Córdoba, Baeza y Sevilla. Casó con doña Elvira Fernández de Castro y Mendoza, hija de don Fernando Gutiérrez de Castro, señor de Lemos y de Sarriá, Ricohombre del Reino de Galicia, y de doña Emilia Íñiguez de Mendoza. Fue nieta de don Gutierre Ruiz de Castro, Ricohombre de Castilla, Alcaide de Toledo y del Castillo de Calatrava, y de doña Elvira Osórez, señora de Lemos y Sarriá, así como de don Íñigo López de Mendoza, señor de Lodio, Ricohombre de Castilla, y de doña Leonor Hurtado, señora de Mendivil.
Fueron padres de:

XVI.- Don Fernán Núñez de Témez, I señor de la Casa de Córdoba, señor de Cañete, Paterna, Loeches, Abentoxiel, y del Castillo de Dos Hermanas, Alcalde Mayor de Córdoba en 1258, tronco de la familia Fernández de Córdoba de Andalucía. Casó con doña Ora o Leonor Muñoz de Córdoba , hija de don Domingo Muñoz, Adalid de Córdoba, Alguacil Mayor de Sevilla, Maestre de Campo, General del Ejército del Santo Rey, conquistador de Córdoba y Sevilla, y de doña Gila Fernández de Saavedra.
Fueron padres de:

XVII.- Don Alfonso Fernández de Córdoba (1275-1327), II señor de la Casa de Córdoba, de las Torres de Cañete, de Dos Hermanas, de las Cuevas de Carchena, de Alcalá de los Ganzules, de Paterna, de Lueches, de Castro Gonzalo, de Galapagar, etcétera, Alcalde Mayor de Córdoba, Alguacil Mayor de Córdoba, Adelantado Mayor de la Frontera, primero de este linaje en utilizar el apellido Fernández de Córdoba. Casó con doña Elvira de Sotomayor, de quien no dejó descendencia. Casó en segundas nupcias con doña Teresa Ximénez de Góngora, hija de don Pedro Ximénez de Góngora (hijo del señor de Góngora y Bandoma) y de doña Teresa.
Fueron padres de:

XVIII.- Don Martín Alfonso Fernández de Córdoba “el Bueno” (??-1349), I señor del Castillo de Montemayor, señor de Dos Hermanas, Duernas y Salinas, Alférez Mayor de Córdoba. Casó con doña Aldonza López de Haro.
Fueron padres de:

XIX.- Don Lope Gutiérrez de Córdoba, I señor de Guadalcazar, Alcalde Mayor de Córdoba. Casó con doña Inés García Oter de los Lobos y Bahamonde.
Fueron padres de:

XX.- Don Ruy López de Córdoba. Casó con doña Urraca de Bocanegra, I señora de la Mitad de Monclova. Fundaron un mayorazgo en 1414 depositado en su hijo Gómez.
Fueron padres de:

XXI.- Don Gómez Fernández de Córdoba y Bocanegra, II señor de la Mitad de Monclova. Casó con doña María Méndez de Sotomayor.
Fueron padres de:

XXII.- Don Alfonso Fernández de Bocanegra y Córdoba. Casó con doña Constanza Ruiz de Cabrera.
Fueron padres de:

XXIII.- Don Bernardino Fernández de Córdoba y Bocanegra (14??-1491), III señor de la Mitad de Monclova, y de las Dehesas del Mariscal. Casó con doña Elvira Ponce de León.
Fueron padres de:

XXIV.- Don Fernán Pérez de Córdoba y Bocanegra (??-1567), I señor de los Apaseos, General de los Reales Ejércitos en la Nueva España. Casó con doña Beatriz Pacheco de Chaves, hija de don Francisco de Chaves Pacheco y Salazar, y doña Leonor de Cabrera y Sosa.
Fueron padres de:

XXV.- Don Nuño de Chaves Pacheco de Córdoba y Bocanegra, señor de los Apaseos y de Valdecantos. Casó con doña Marina Vázquez de Coronado y Estrada, hija del conquistador don Francisco Vázquez de Coronado y Luján, Gobernador y Capitán General de la Nueva Galicia, y de doña Beatriz de Estrada y Gutiérrez Flores de la Caballería. Doña Marina fue nieta de don Alonso de Estrada, de doña Mariana Gutiérrez Flores de la Caballería, de don Juan Vásquez de Coronado y Sosa de Ulloa, señor de la Coquilla y de la Torres de Juan Vásquez, Corregidor de Segovia y de Jerez de la Frontera, Capitán General de la Frontera, y Prefecto de Granada, y de doña María de Luján y Luzón, dama de S.M.C. la reina doña Isabel de Castilla.
Fueron padres de:
Cristóbal Colón
retratado por Ghirlandaio

XXVI.- Don Francisco Pacheco de Córdoba Bocanegra y Vásquez de Coronado (1573, Ciudad de México-1624), I marqués de Villamayor de las Ibernias, señor de los Apaseos y de Valdecantos, Adelantado Mayor Perpetuo y Hereditario de la Nueva Galicia, Teniente de Capitán General de los Ejércitos Reales en la Nueva España, Caballero de la Orden de Santiago. Casó con doña Catalina de Castilla y Chaves (de quién no dejó descendencia masculina). Casó en segundas nupcias con doña Juana Colón de la Cueva y Toledo, hija de don Carlos de Arellano y Luna, V señor de las Villas de Ciria y Borovia, y de doña María Colón y de la Cueva, dama de S.M. la reina Isabel de Valois, bisnieta de don Cristóbal Colón (los padres de ella fueron los primeros en esa familia en pasar a la Nueva España).
Fueron padres de:

XXVII.- Don Carlos Pacheco de Córdoba y Bocanegra Cólón de la Cueva y Arellano (1602, Ciudad de México-1646), II marqués de Villamayor de las Ibernias, II Adelantado Mayor de la Nueva Galicia, Caballero de la Orden de Santiago. Casó con doña Mariana de Castilla y Acuña, de quien no tuvo descendencia masculina. Casó en segundas nupcias con doña Francisca Colón de Portugal y Toledo, de quien tampoco tuvo descendencia masculina. Casó en terceras nupcias con doña Juana María Suárez de Mendoza Portugal y de la Cerda, X condesa de Coruña, IV condesa de Villardompardo, hija de don Juan Torres de Portugal y Suárez de Mendoza, III conde de Villardompardo, y de doña María Polonia Suárez de Mendoza Zúñiga y Bazán, fue nieta de don Fernando de Torres y Portugal Mesía Venegas y Ponce de León, I conde de Villardompardo, Virrey del Perú, descendiente de la Casa Real de Portugal.
Fueron padres de:

XXVIII.- Don Francisco Pacheco de Córdoba y Bocanegra (15??-1648), III marqués de Villamayor de las Ibernias, V conde de Villardompardo, III Adelantado Mayor de la Nueva Galicia. Casó con doña Francisca Juana Fernández de Córdoba y Mendoza, su prima hermana, VIII marquesa de Mondéjar, X condesa de Tendilla, VIII marquesa de Vallhermoso de Tajuña, III marquesa de Agrópoli, hija de don Nuño de Córdoba y Bocanegra, Caballero de la Orden de Alcántara, y de doña María de Mendoza y Guernica de Aragón, II marquesa de Agrópoli. Murió sin sucesión por lo que el título pasó a su hermano, que sigue:

XXIX.- Don Diego Pacheco Fernández de Córdoba Bocanegra y Portugal (1693), IV marqués de Villamayor de las Ibernias, VI conde de Villardompardo, IV Adelantado Mayor de la Nueva Galicia. Casó con doña Honorata Berghes y Renesses.
Fueron padres de:

XXX.- Doña María Eugenia Pacheco de Córdoba y Portugal (16??-1694), V marquesa de Villamayor de las Ibernias, VII condesa de Villardompardo, V Adelantada Mayor de la Nueva Galicia. Casó con don Pedro Ibáñez de Segovia e Idiáquez, II marqués de Gramosa, hijo de don Pedro Ibáñez de Segovia e Isasi Lequizamón, I marqués de Gramosa, y de doña Mariana de Idiáquez e Isasi (quienes eran primos hermanos). Murió sin descendencia por lo que la sucesión pasó a su sobrina, de la línea de los marqueses de Mondéjar, que sigue:

XXXI.- Doña Francisca María Exarch de Bellvís y Pacheco de Córdoba, VI marquesa de Villamayor de las Ibernias, IV condesa de Villamonte, VIII condesa de Villardompardo, hija de don Manuel Exarch de Bellvís y Melo de Portugal, III marqués de Benavites, conde de Villamonte, y de doña Juana Teresa Pacheco de Córdoba y Bocanegra (hermana del IV marqués de Villamayor de las Ibernias). Casó con don Francisco Bellvís de Moncada y Escrivá, XIII barón de Bélgida, hijo de don Francisco Vicente Bartolomé Silvestre Buenaventura Bellvís y Boil, barón de Bélgida, y de doña María Magdalena Escrivá y Montserrat.
Fueron padres de:

rmas originarias de los Mendoza,
casa marquesal de Mondéjar
XXXII- Don José Vicente Bellvís de Moncada y Exarch de Bellvís (1697, Valencia-1753, Madrid), VII marqués de Villamayor de las Ibernias, I marqués de Bélgida, V marqués de Benavites, V conde de Villamonte, IX conde de Villardompardo, V conde de Sallent, barón de la Joyosa, barón de Marrau, Adelantado Mayor de la Nueva Galicia. Casó con doña Catalina Eulalia Ibáñez de Segovia y Velasco, hija de don José de Mendoza e Ibáñez de Segovia, X marqués de Mondejar, y de doña María Victoria Fernández de Velasco y Carvajal (nieta de don Bernardino Fernández de Velasco y Tovar, VI duque de Frías).
Fueron padres de:

XXXIII.- Don Pascual Benito Bellvís de Moncada e Ibáñez de Segovia (Valencia 1727-Madrid 1781), VIII marqués de Villamayor de las Ibernias, XIII marqués de Mondéjar, conde de Tendilla, X conde de Villardompardo, Adelantado Mayor de la Nueva Galicia. Casó con doña Florentina Pizarro y Herrera, XII condesa de la Gomera, hija de don Juan de la Cruz Pizarro de Aragón, II marqués de San Juan de las Piedras Albas, y de doña Juana Josefa de Herrera y Llarena (hija de los IX marqueses de la Gomera).
Fueron padres de:


Armas de una de las ramas de los
Pérez de Guzmán
XXXIV.- Don Juan de la Cruz Bellvís de Moncada y Pizarro Ibáñez de Segovia y Herrera (Madrid, 1756-Madrid, 1835), IX marqués de Villamayor de las Ibernias, III marqués de Bélgida, IX Adelantado Mayor Perpetuo y Hereditario de la Nueva Galicia, XII señor perpetuo de los Apaseos Alto y Bajo, y de Valdecantos, VII marqués de Benavites, XIV marqués de Mondéjar, VII conde de Villamonte, XI conde de Villardompardo, VII conde de Sallent, XIII conde de Tendilla, XV conde del Sacro Romano Imperio, conde de la Gomera, marqués de San Juan de las Piedras Albas, marqués de Valhermoso de Tajuña, marqués de Adeje, de Agrópoli, de Orellana la Vieja, barón de Turís de Rafol-Chela, de Abalat de la Ribera y Pardines, de la Joyosa, señor de Marrán, de Tudichelli y Guderni, y de las villas de San Juan de la Enova, Quertell-Carrap, Corvera, Rafal, Buñol, el Puig, Anguix, Fermoselle, Ampudia,etcétera, Alférez Mayor Perpetuo de la Ciudad de Jaén, Alcaide de la Alhambra, caballero del Toisón de Oro, caballero de la Real Orden Española de Carlos III, dos veces Grande de España de Primera Clase, Gentilhombre de la Cámara del Rey, Caballerizo, Montero y Ballestero Mayor de S.M. el rey don Carlos IV, Mayordomo Mayor de Palacio y Sumiller de Corps de S.M. el rey don Fernando VII. Casó con doña María de la Encarnación Ignacia Álvarez de Toledo y Gonzaga, dama de la Real Orden de la Reina María Luisa, hija de don Antonio María Álvarez de Toledo y Pérez de Guzmán el Bueno, VIII príncipe de Paternó, VII príncipe de Montabano, VII duque de Fernandina, VIII duque Bivona, X duque Montalto, X marqués de Villafranca del Bierzo, X marqués de los Vélez, IX marqués de Molina, VI marqués de Martorell, V marqués de de Villanueva de Valdueza, V conde de Peña Ramiro,  XVI conde de Adernó, XVII conde de Baltabellota, XVI conde de Sclafani,  XIV conte di Caltanissetta, XIII conte di Collesano, XIX conte di Centerví, conde de Golisano, barón de Casetellví de Rosanahes, Grande de España, Adelantado y Captián Mayor del Reino de Murcia, Alcaide Perpetuo de los Realez Alcázares de Lorca,  caballero de la Orden del Toisón de Oro, y de doña María Antónia Dorotea Sinforosa Gonzaga y Caracciolo (viuda del XII duque de Béjar), a su vez hija de don Francesco Gonzaga y Pico della Mirandola, I duque de Solferino, príncipe del Sacro Romano Imperio, príncipe de Castiglione, Grande de España, caballero de la Orden del Toisón de Oro, y de Giulia Clitteria Caracciolo di Santo Buono e Ruffo, hija de los V príncipes de Santo Buono.
Fueron padres de:

XXXV.- Don Antonio Ciríaco Bellvís de Moncada y Toledo (Madrid 1775, Madrid 1842), X marqués de Villamayor de las Ibernias, marqués de Adeje, de Agrópoli, de Bélgida, de Benavites, de Orellana la Vieja, de San Juan de las Piedras Albas, de Vallhermoso de Tajuña, conde del Sacro Romano Imperio, XII conde de Villardompardo, de Villamonte, de Sallent, de la Gomera y señor de Alconchel. Casó con doña María Benta Dolores de Palafox y Portocarrero, hija de don Felipe de Palafox y Croy de Havre (hijo a su vez los marqueses de Ariza y príncipes de Croy, pariente del beato obispo y virrey don Juan de Palafox y Mendoza) y de doña María Francisca de Sales Portocarrero de Guzmán y Zúñiga, X marquesa de la Algaba, marquesa de Villanueva del Fresno, de Osera, de Castañeda, de Barcarrota, condesa de Teba, de Baños, de Montijo y de Fuentedueña, dama de la Orden de la Reina María Luisa (hija a su vez de los VI marqueses de Valderrábano y nieta de los IX duques de Peñaranda del Duero).
Fueron padres de:

XXXVI.- Doña María Josefa Simona Bellvís de Moncada y Palafox (Madrid, 1801-Madrid, 1822), quien nunca llegó a suceder en este marquesado, fue sí la XVII marquesa de Vallhermoso de Tajuña y V marquesa de Bélgida. Casó con don José Álvarez de las Asturias Bohórquez y Chacón, hijo de don Nicolás Mauricio Álvarez de las Asturias Bohórquez y Vélez Ladrón de Guevara, I duque de Gor, VI marqués de los Trujillos, IV conde de Torrepalma, y de doña María del Carmen Chacón y Carrillo de Albornoz Medrano y Jácome de Lienden.
Fueron padres de:

   1.-Doña María del Carmen Álvarez de las Asturias Bohórquez y Bellvís de Moncada, IX condesa de Villamonte. Casó con don Nicolás Álvarez de Abreu y Mora, marqués de la Regalía y de San Andrés de Parma, vizconde del Puntal.

   2.-Doña Jacoba de las Asturias Bohórquez y Bellvís de Moncada, XVIII marquesa de Vallhermoso de Tajuña, VIII marquesa de Orellana la Vieja. Casó con don Mateys de Aranguren y González de Echavarri.

   3.- Don José Álvarez de las Asturias Bohórquez y Bellvís de Moncada, que sigue.


XXXVII.- Don José Álvarez de las Asturias Bohórquez y Bellvís de Moncada (1822-1852), XI marqués de Villamayor de las Ibernias, XVIII marqués de Vallhermoso de Tajuña, XVII marqués de Mondéjar, VI marqués de Bélgida, X marqués de Agrópoli, IX marqués de Adeje, XX conde de Tendilla, XIII conde de Villardompardo, XIV conde de la Gomera y IX conde de Sallent. Casó con doña Luisa Álvarez de las Asturias Bohórquez y Guiráldez.
Fueron padres de:

   1.- Don José Álvarez de las Asturias Bohórquez y Álvarez de las Asturias Bohórquez, conde de Tendilla.

   2.- Doña María de los Dolores Álvarez de las Asturias Bohórquez y Álvarez de las Asturias Bohórquez, XVIII marquesa de Mondéjar. Casó con don Miguel de Carranza y del Valle, y en segundas nupcias con don Lorenzo Rodríguez-Gálvez y Bonilla.

   3.- Doña María del Carmen Álvarez de las Asturias Bohórquez y Álvarez de las Asturias Bohórquez, que sigue.

   4.- Don José Íñigo Álvarez de las Asturias Bohórquez y Álvarez de las Asturias Bohórquez, marqués de Mondéjar, de Bélgida, de Agrópoli, de Adeje, conde de Tendilla, Grande de España. Casó con su pariente doña María Luisa Álvarez de las Asturias Bohórquez y Guiráldez.


XXXVIII.- Doña María del Carmen Álvarez de las Asturias Bohórquez y Álvarez de las Asturias Bohórquez (Madrid, 1850-Madrid, 1931), quien nunca sucedió en el marquesado de Villamayor de las Ibernias, XX marquesa de Mondéjar, XXIII condesa de Tendilla, XI marquesa de Adeje, X marquesa de Sallent, Grande de España. Casó con don José Cotoner y Allendesalazar, diputado en Cortes, caballero Gran Cruz de la Real Orden Española de Carlos III, Gentilhombre de Cámara con Ejercicio y Servidumbre, hijo de don Fernando Cotoner y Chacón Manrique de Lara y Despuig, I marqués de la Cenia, Grande de España, y de doña Francisca Allendesalazar y Loizaga, dama de la Orden de la Reina María Luisa (hija a su vez de los II condes de Montefuerte).
Fueron padres de:


XXXIX.- Doña María Luisa Cotoner y Álvarez de las Asturias Bohórquez (1879, Madrid-1948, Madrid), XI marquesa de Villamayor de las Ibernias, XXII marquesa de Mondéjar, XXIV condesa de Tendilla, VIII marquesa de Bélgida, XV condesa de Villardompardo, XII marquesa de Adeje, IX marquesa de Orellana la Vieja, Grande de España. Casó con su primo hermano don José Fernando Cotoner y Veri Allendesalazar y Fortuny (1872-1955), VII marqués de Ariany, caballero de la Real Maestranza de Valencia, caballero de la Soberana Orden de Malta, Gentilhombre de Cámara con Ejercicio y Servidumbre, hijo de don Nicolás Cotoner y Allendesalazar, III marqués de la Cenia, VI marqués de Ariany, Grande de España, y de doña Bárbara de Veri y Fortuny
Fueron padres de:


XL.- Don Alfonso Cotoner y Cotoner. Falleció sin sucesión por lo que le siguió su sobrino Íñigo, que sigue.

XXII marqués de Mondéjar
XLI.- Don Íñigo Alfonso Cotoner y Martos (1968-1997), XIII marqués de Villamayor de las Ibernias, XXIII marqués de Mondéjar, XXVI conde de Tendilla, XII conde de Sallent, VI vizconde de Ugena, Grande de España, hijo de don Nicolás Cotoner y Cotoner, XXII marqués de Mondéjar, VIII marqués de Ariany, XXV conde de Tendilla, Grande de España, Jefe de la Casa de S.M. El rey don Juan Carlos I, caballero de la Real Orden del Toisón de Oro (hermano del XI marqués de Villamayor de las Ibernias), y de doña María de la Trinidad Martos y Zabálburu, V vizcondesa de Ugena, hija a su vez de don Alfonso Martos y Arizcún, IV conde de Heredia Spínola, V marqués de Iturbieta, Grande de España, y de doña María del Carmen Zabálburu y Mazarredo . Casó con doña María del Carmen Vidal y Enseñat (1947, Palma de Mallorca-1988, Santiago de Cuba 1988). 
Fueron padres de:

XLII.- Doña Olimpia Cotoner y Vidal (Madrid, 1969), XIV y actual marquesa de Villamayor de las Ibernias (por distribución de su padre). Casó con don Alfonso Díez de Ribera y Elzaburu, VI conde de Sanafé y IV marqués de Huétor de Santillán, hijo de don Ildefonso Díez de Rivera y Hoces, V conde de Sanafé y III marqués de Huétor de Santillán, y de doña María del Carmen de Elzaburu y Márquez, hija de los IV marqueses de Las Claras.





Quisiera agradecer especialemente a don Francisco Javier Fernández de Córdoba y Rivero y a don Enrique Fernández de Córdoba y Calleja, por facilitarme algunos de los datos que fueron publicados en este artículo.





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